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sábado, 28 de julio de 2012

España - Diferencia entre las energías renovables y no renovables

En la era de la tecnología y de las comodidades, es difícil imaginar cuántas de nuestras actividades diarias pueden hacerse sin energía. En los países desarrollados sólo somos conscientes de su importancia cuando nos falta. Un corte de suministro eléctrico a causa de una avería nos deja prácticamente paralizados. Lo mismo ocurre cuando necesitamos agua caliente o calefacción. Dado el incremento cada vez mayor de la demanda energética, lo responsable es tener la mayor eficiencia energética posible en la vida diaria. Se trata de conseguir más con menos. 

En función de su origen, las principales clases de energía son dos. Las energías no renovables y las renovables.

Las primeras suponen un 92 % del consumo energético total en España y se extraen de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón o el gas, así como de minerales como el uranio, que produce energía eléctrica. Dado que sus reservas son limitadas y van disminuyendo, sus costes de explotación son cada vez más elevados, lo que nos obliga a hacer un consumo más responsable en el día a día. Según datos del 2008, el petróleo supone un 47,9 % del consumo de energía primaria, mientras que el gas natural aporta el 24,5%. El 9,8% corresponde al carbón y un 10,8 % al uranio.

El resto del consumo de energía primaria se cubriría con energías renovables, como la energía solar, hidráulica y eólica. Éstas provienen de recursos naturales a los que se puede acudir de forma permanente, como el sol y el viento y tienen un impacto ambiental nulo en la emisión de gases de efecto invernadero, como el CO₂. También se consideran energías renovables la biomasa, la energía mareomotriz (aprovecha las mareas), la de las olas y la geotérmica. En el mismo año, este tipo de energías han representado el 7,6% del consumo de energía primaria en España. De este porcentaje, el 6,2 % se obtuvo de energías renovables no hidráulicas (biomasa y eólica, principalmente). La Unión Europea se ha fijado como objetivo que en el año 2020 el 20% del consumo final bruto sea aportado por energías renovables.

domingo, 22 de julio de 2012

Argumentos en contra de ......


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miércoles, 20 de junio de 2012

La energía solar ya es mas barata que la nuclear

Con el paso del tiempo la energía solar fotovoltaica se ha ido abaratando, mientras que la energía nuclear se ha ido encareciendo. En estas condiciones, era de esperar que llegaría un momento en que se cruzarían y la solar se volvería mas barata.



Tradicionalmente, la energía solar fotovoltaica era una forma de producir energía limpia pero muy cara; sin embargo, desde el inicio de la crisis económica y el tijeretazo en las subvenciones a la fotovoltaica el precio de los paneles no ha parado de bajar.

La crisis no ha tenido el mismo efecto sobre la energía nuclear; tanto el precio del combustible como el coste de construcción no paran de subir; así, el coste de construcción de un reactor ha pasado de 3.000 millones de dólares en el año 2002 a unos 10.000 millones en la actualidad.
Así, según John O. Blackburn, profesor de economía en la Universidad de Duke, el precio de ambas fuentes de energía se ha cruzado en 16 centavos de dólar por kilowatio hora.

Por si eso fuera poco, queda el problema de que una central nuclear necesita mas de diez años para construirse y ponerse en marcha, lo que supone un riesgo financiero que, en estos tiempos de crisis, ningún banco está dispuesto a asumir. De hecho, los nuevos proyectos de centrales nucleares necesitarán un aval del estado para poder sacarse adelante.

No es ningún secreto que el costo de producción de células fotovoltaicas ha estado cayendo durante años. Un sistema fotovoltaico hoy cuesta un 60 % menos que en 1998. Los avances en tecnología e industria combinados con un aumento de la demanda y la producción han hecho que el precio de la energía solar se redujera de manera constante. Al mismo tiempo, los costos estimados para la construcción de nuevas centrales nucleares se han disparado.

El resultado de estas tendencias: “En el último año, las líneas se han cruzado en Carolina del Norte”, dicen los autores del estudio, John Blackburn y Sam Cunningham. “La electricidad procedente de nuevas instalaciones solares es ahora más barata que la electricidad procedente de nuevas centrales nucleares “.

El informe no sólo es importante porque muestra a la energía solar como una fuente mas barata que la energía nuclear. Los resultados son también importantes porque, a pesar de la incapacidad del Senado para aprobar una ley de energía y clima este año, los contribuyentes soportan una carga incluida en sus facturas (emisión de carbono a la atmósfera) a través de una variedad de cargos ocultos – o externalidades, como los llaman los economistas. Los combustibles fósiles representan actualmente el 70 % de la electricidad generada en los EE.UU cada año ( la nuclear genera el 20 %).

Via NYTimes.


La Energía Nuclear es Cara, Sucia y Peligrosa

Es sabida la posición antinuclear de Diario Ecologia. No tomaremos en consideración, por vanas y engañosas, las declaraciones de muchos “popes” energéticos, supuestamente sabios, que tildan de ilusos, anti-liberales y similares lindezas a todos los que consideramos que la energía nuclear es sucia, peligrosa y cara.


Sucia: genera residuos que tardan mucho tiempo en quedar inertes. Miles de años. Otras fuentes de energía también lo son. Sin embargo, los residuos de las térmicas y las centrales basadas en el gas son infinitamente más sencillos de controlar, procesar y eliminar que el uranio o el plutonio.

Peligrosa: Three Miles Island, Chernobil, Fukushima. ¿Quieren más peligro? Si, es cierto que una presa puede reventar o que un aerogenerador puede derrumbarse, y eso es peligroso. Pero cuando la inundación ha pasado o el aerogenerador llega al suelo, se acabó. El sarcófago de acero y hormigón que enterró a Chernobil se está resquebrajando, su duración prevista era de 30 años. Costará un dineral hacer otro. Y dentro de 30 años, otro. Y dentro de 90. Y de 120. Y suma y sigue.

Cara: Quizás el más insidioso argumento favorable a la energía nuclear es su precio. Es, según los señores y las señoras cuyos sueldos dependen, de una u otra manera de la industria nuclear, la energía más barata. Y nosotros consideramos que ese argumento es extremadamente falaz. ¿Cómo calculan el precio de la energía nuclear? ¿Suman al coste de producción lo que vale el procesamiento y el almacenamiento del combustible gastado? ¿Suman el elevado coste del desmantelamiento de las centrales una vez acabado su ciclo de funcionamiento? ¿Suman el astronómico coste del operativo necesario para intentar detener los efectos devastadores de un accidente nuclear?.. La energía nuclear no solo no es barata, sino que puede tener un coste económico fuera de todo cálculo.

El reciente desastre en la central nuclear de Fukushima Daiichi en Japón ha disparado de nuevo el debate sobre la energía nuclear. El Gobierno japonés inicialmente decía que la situación estaba “controlada”, pero después se vio obligado a admitir que se han escapado peligrosas cantidades de radiación tras las explosiones. Además, se han cerrado 13 centrales más por daños.

La radiación ha llegado a la capital, Tokio, y en algunas zonas se han medido niveles de radiación 1.600 veces más altos de lo normal. Las preocupaciones sobre la seguridad de la comida se han extendido a Europa y EEUU. La segunda explosión hirió a once trabajadores, miles de personas han sido desplazadas y se verán afectadas las vidas de millones de personas más.

El desastre es otro trágico ejemplo del peligro que supone la industria nuclear para el mundo, y se podría haber evitado. Es una industria que prioriza sus beneficios a expensas de la seguridad y la salud públicas.

Los gobiernos del mundo están aprovechando la preocupación pública sobre el cambio climático para presentar la energía nuclear como una alternativa segura, barata y “verde”. Lo pintan como la única alternativa que puede cumplir las demandas actuales de electricidad. Desgraciadamente hay ecologistas que también lo ven como una solución a la crisis ambiental.

En realidad no cumple ninguna de estas cualidades, ni tampoco puede satisfacer las demandas mundiales de electricidad. Los intentos de dar impulso a la industria nuclear no tienen nada que ver con el cambio climático, sino con los intereses imperialistas de los países donde se genera la industria.
Una industria basada en mentiras

La mentira más grande sobre la energía nuclear es que representa una fuente energética ecológica porque no emite gases de efecto invernadero a la atmósfera. Lo cierto es que solo la última fase del ciclo nuclear, la fisión nuclear dentro del reactor, no genera grandes cantidades de dióxido de carbono. El resto del proceso de producción depende del uso de cantidades masivas de combustibles fósiles, incluyendo la extracción del mineral, el procesamiento de uranio, la fabricación de “torta amarilla” (óxido de uranio), el enriquecimiento, el transporte, la construcción de los reactores y finalmente el desmantelamiento y la gestión de los residuos.

Los reactores actualmente emiten un 30% de la cantidad que emite una central de gas. Las estimaciones actuales de las emisiones del ciclo nuclear asumen el uso de uranio de calidad superior. Pero la gran mayoría del uranio del mundo es de calidad inferior, y el proceso de extracción y procesamiento requiere aún más combustibles fósiles. De hecho, utilizando uranio de calidad inferior, el proceso entero emitiría la misma cantidad de gases de efecto invernadero que una central de gas. Construir las miles de centrales nucleares necesarias para proveer de electricidad a todo el planeta requeriría una cantidad inmensa de combustibles fósiles.

Además, la energía nuclear no es renovable. Está limitada por la cantidad de depósitos de uranio conocidos. Si la energía nuclear proveyera la mitad del suministro de electricidad actual del mundo, el uranio de calidad superior duraría menos de una década.

La tragedia de Japón ha dejado muy claro que las centrales nucleares no son seguras. Este desastre más reciente se enmarca en una historia de accidentes, fugas, incumplimientos en materia de seguridad, mentiras y encubrimientos, tan larga como la vida de la industria nuclear.

Como la mayoría de centrales nucleares, la central de Fukushima Daiichi tiene una larga historia de fallos y mentiras, incluyendo la falsificación de 29 informes de seguridad en 2002 por la empresa Tokio Electric Power Company, el encubrimiento de maquinaria dañada, fugas de agua radiactiva y la muerte de un trabajador en un accidente en 1993.

La catástrofe de Chernóbil en 1986 liberó al medio ambiente 400 veces más radiación que la bomba arrojada por EEUU en Hiroshima en 1945. El accidente desplazó a 5 millones de personas y 50 estudios concluyen que hasta ahora han muerto entre medio y un millón de personas por envenenamiento por radiación, cáncer y otras enfermedades relacionadas con materiales radiactivos. Todavía millones de personas viven en zonas contaminadas.

Además, las centrales nucleares no solo son peligrosas en momentos catastróficos. Varias investigaciones en Gran Bretaña, Alemania y EEUU identifican altas tasas de cáncer en las poblaciones cercanas a las centrales nucleares. Asimismo, hay graves riesgos para la seguridad y la salud en todas las fases del ciclo nuclear. La gente que trabaja en todas las partes del ciclo nuclear está expuesta a altos niveles de radiación.

Los residuos radiactivos del proceso de extracción se quedan en embalses que dejan entrar las partículas en el aire, el agua y, por tanto, en los ecosistemas. Una vez en la naturaleza, las partículas radiactivas siguen contaminando las fuentes de agua, el aire y las cadenas de alimentarias durante millones de años.

Lo más peligroso del ciclo nuclear son los residuos que se producen en la fisión dentro de los reactores que contienen uranio empobrecido, uranio y plutonio, el material que se usa para fabricar bombas atómicas. Estos residuos siguen siendo altamente radiactivos durante cientos de miles de años. Si se respira una millonésima de gramo de plutonio, puede causar cáncer de pulmón. Y de hecho todavía no hay ninguna instalación de almacenamiento permanente en el mundo.
Armas nucleares y competencia

La realidad de la industria nuclear es que es muy peligrosa y nada rentable. De hecho, no existiría sin enormes subsidios de dinero público. EEUU ha invertido 150.000 millones de dólares en la industria, mientras Japón invierte unos 2.000 millones de dólares de media anual. Si existe la tecnología capaz de suministrar toda la electricidad del mundo con energía renovable, ¿por qué los gobiernos siguen manteniendo una industria tan dañina y cara?

La respuesta es que la industria de la energía nuclear está estrechamente vinculada a la industria de armas nucleares —de hecho fue creada por ésta. Como la producción de energía nuclear también produce los materiales necesarios para fabricar armas nucleares, la industria resulta muy conveniente para los países que quieren producir armas para dominar a otros. Países como Israel, India, Pakistán y Sudáfrica han utilizado sus centrales nucleares para construir armas.

Esto no es casualidad. Las armas nucleares han jugado y siguen jugando un papel importante en las luchas entre ponencias imperialistas. Bajo el capitalismo, la competencia entre las clases dirigentes de cada estado para defender sus intereses económicos crea fricciones geopolíticas que el país con las armas más avanzadas domina.

Esto quedó muy patente en 1945 cuando EEUU dijo en relación a la bomba atómica que era necesario que “el uso inicial fuera adecuadamente espectacular para que la importancia del arma fuera reconocida internacionalmente”. Murieron 250.000 personas en Hiroshima para que EEUU pudiera demostrar su poder. EEUU todavía tiene las mayores reservas de arsenal nuclear.

Las demás potencias han expresado una ligera preocupación sobre la catástrofe nuclear en Japón, pero no van a abandonar a sus propias industrias. Al contrario, la mayoría tienen planes para desarrollarlas. Ya ha habido manifestaciones masivas en Alemania contra los planes de la canciller Ángela Merkel de prolongar las vidas de las centrales. Es este tipo de movilización la que es capaz de encarar y frenar a la industria nuclear y el apoyo de los gobiernos a ésta.