Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Amenaza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amenaza. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de julio de 2012

Confirmado!. El comercio internacional es responsable del 30% de las especies amenazadas

Un equipo internacional de científicos ha demostrado que la globalización económica es responsable del peligro que corren el 30% de las especies incluidas en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés).


“Dependiendo del café que compres, contribuyes (o no) a la extinción de muchos animales”, afirma a SINC Manfred Lenzen, científico de la Universidad de Sidney (Australia) y primer autor de un estudio que publica la revista Nature. Por ejemplo, “el mono araña está amenazado por la pérdida de su hábitat debido a las plantaciones de cacao y café en México”, comentan los científicos en su estudio.

“Históricamente, las demandas locales de comida, combustible y espacio han tenido un bajo impacto en el hábitat de las especies –comentan los autores de esta publicación–. Pero la globalización ha acelerado la degradación del hábitat lejos de los lugares donde se consumen estos recursos”.

Barney Foran, coautor del estudio y también científico en la universidad australiana, no esperaba una cifra “tan alta” como el 30%. “Pero la auténtica sorpresa ha sido que en países como Papúa Nueva Guinea, Madagascar, Sri Lanka, Honduras y Nueva Zelanda, el comercio internacional es la amenaza de hasta el 60% de su biodiversidad”, señala a SINC Foran.

En el trabajo se han relacionado 25.000 especies de animales con más de 15.000 productos básicos y 5.000 millones de cadenas de suministro. Los resultados revelan que las naciones enriquecidas (EE UU, Japón y las de la Unión Europea) son las principales responsables de este problema.

“La única condición que contempla el de comercio internacional es la lucha entre precios: el más bajo es el que triunfa”, se queja Foran. Según el experto, los resultados de su estudio se explican porque “la mayoría de países pobres harán lo que sea necesario para crecer económicamente”.

Para los científicos, la responsabilidad varía en función del producto, pero en general la consideran compartida entre el consumidor y la industria. “Es difícil regular estas empresas que contaminan y degradan el medio ambiente en países no industrializados porque generalmente cuentan con medios muy limitados y son vitales para el empleo y el desarrollo de la comunidad”, afirma Lenzen.

La solución también pasa por el consumidor

El trabajo proporciona un marco global para identificar los productos más peligrosos para la biodiversidad que, según los autores, podría servir para que adoptar políticas que afecten tanto a productores, como a comerciantes y consumidores.

“La Organización Mundial del Comercio contempla que se le pueda añadir un impuesto económico a este tipo de género, y esto permitiría al importador y al consumidor diferenciarlo del resto. En casos extremos los gobiernos podrían imponer a estos productos las mismas condiciones que se aplican a las mercancías peligrosas y nocivas”, expone Foran.

Las cadenas de suministro son “tan complejas” que, según el experto, incluso el consumidor más responsable tiene problemas en decidir qué producto es el más adecuado. “Lo que se necesita es un etiquetado general y sencillo semejante a un semáforo: verde, naranja y rojo en función de su impacto en la biodiversidad”, señala el científico.

“El problema es que las personas del primer mundo no ‘ven’ las consecuencias que tiene su consumo en los países en vías de desarrollo –explica Lenzen–, pero son las que pueden reclamar que se haga un esfuerzo en mantener la biodiversidad de estas regiones”.


viernes, 13 de abril de 2012

Han amenazado de muerte al español que inventó la bombilla que apenas gasta y dura toda la vida

Benito Muros, ha fabricado una bombilla para durar toda la vida.
“Todos los aparatos electrónicos están programados para morir”



"Cuando me enseña el documento policial con el contenido del mensaje que recibió se me ponen los pelos de punta: no sólo amenaza su vida si sigue adelante con la comercialización de su bombilla, sino también la de sus hijos" dice el periodista del diado La Vanguardia España. Benito ha fabricado con un grupo de ingenieros una bombilla para durar toda la vida (garantía de 25 años), es decir, sin esa fecha deestropeado programada que comparten, por pura cuestión de lucro, todos los aparatos electrónicos. Por eso este empecinado quiere ir más allá y ha creado el movimiento Sin Obsolescencia Programada (SOP). Un tema sobre el que es muy recomendable el documental de Cosima Dannoritzer Comprar, tirar, comprar. 



Y un buen día dejó de funcionar…
Se llama obsolescencia programada: los fabricantes de todo tipo de aparatos electrónicos los programan para que duren un tiempo determinado.

Eso no pasaba en tiempos de mi abuela.
Antes un frigorífico duraba treinta años, ahora seis. Unas medias de nailon prácticamente irrompibles se dejaron de fabricar.

¿Quién inventó esa atrocidad?
La revolución industrial. El concepto se desarrolló entre 1920 y 1930. Antes, un empresario o sus suministradores de materia prima montaban su negocio con dinero familiar. Entonces los bancos les dijeron: “Amplíen su negocio, vendan más, yo les dejo el dinero”.

Y lanzaron los créditos al consumo.
Y ya tenían controlado todo el ciclo de vida del producto. Pero querían más y decidieron acortar la vida de los productos. Así llegamos a los años setenta, en que el 80% de la riqueza del mundo se concentraba en el 20% de la población, esos que controlaban.

Ahora se la reparte un 7%.
Sí, bancos que tienen empresas y empresas que tienen bancos: las multinacionales, que hacen que los productos duren menos y se vendan más. El resultado es la explotación de los recursos de la Tierra y toneladas de residuos innecesarios que se están cargando el planeta.

Pero ahí está esa bombilla que lleva 111 años encendida.
Sí, en un parque de bomberos en Livermore (California). Decidí crear, junto con 22 ingenieros, una línea de iluminación aplicada a la tecnología led y contribuir a detener la locura de la obsolescencia programada.

Otros fabricantes lo intentaron.
Hay una decena de patentes de bombillas con más de 100.000 horas de uso (entre 60 y 70 años encendidas), pero nunca han llegado a salir al mercado. Hay una organización que controla a los fabricantes de bombillas; no es oficial, pero yo doy fe de que existe.

¿Por eso las comercializa por internet?
Las distribuidoras nos dicen que viven de las que se funden, y los grandes almacenes nos proponen duplicar su precio, a lo que nos hemos negado. Hemos tenido ofertas millonarias para no sacarla al mercado y amenazas de muerte, que están en manos de la policía.

¿Cuánto consume su bombilla?
Ahorra un 92% respecto a las bombillas incandescentes y un 68,42% respecto a las de bajo consumo. En España, las compañías eléctricas tienen que fabricar 47 millones de megavatios al año que dan servicio a toda la industria. A la iluminación general se destinan siete millones de megavatios.

Lo que fabrican las ocho centrales nucleares activas en España.
Sí, pero no es suficiente, hay que importar entre 6 y 7 millones de megavatios de Francia.

Carísimo.
Si utilizáramos una tecnología como la que propongo, nos los ahorraríamos. Estamos hablando de más de 20.000 millones de euros al año. Bombillas que emiten un 70% menos de CO2 a la atmósfera porque trabajan con muy pocos grados de temperatura.

¿Cuánto duraría una lavadora o un frigorífico sin obsolescencia programada?
Entre 40 y 70 años, pero hay que utilizar los componentes electrónicos y materiales adecuados. He creado el movimiento SOP (Sin Obsolescencia Programada).

¿Qué espera de él?
Que se unan fabricantes conscientes de que crisis de endeudamiento como la que vivimos son evitables, y que podemos detener el crimen ecológico y la injusticia que provoca: todas esas materias primas que se extraen del tercer mundo a precios reventados les son devueltas en forma de basura.

Eso roza la inmoralidad.
Cambiar la manera de fabricar supone un cambio socioeconómico. El sistema está diseñado para comprar y tirar, fabricar barato, en China, y comercializar en Europa.

Si acabamos con el crecer por crecer, ¿acabamos con el mercado?
Muchos economistas dicen que la única forma de crear empleo es a través del crecimiento. Falso. Si creas un producto que dura mucho, tendrás un mercado de segunda mano y florecerán negocios de reparación.

Y haremos un bien al planeta.
Cuando competimos para conquistar mercados internacionales consumimos petróleo de forma innecesaria. ¿Por qué importar electrodomésticos de Alemania si podemos hacerlos aquí? Eso encarece el producto y consumimos recursos innecesariamente.

¿Ha habido demandas?
Sí, un grupo de personas demandaron a Apple y ganaron al demostrar que sus iPod estaban fabricados con obsolescencia programada.

¿Ha servido de algo?
Prefieren pagar las demandas que dejar de fabricar con ese sistema. Las impresoras las programan introduciendo un chip contador: cuando llega un determinado número de copias deja de funcionar y comprar una nueva es más económico que repararla. Lo mismo ocurre con las calderas. De hecho, todos los componentes electrónicos los fabrican tres o cuatro empresas en el mundo.

¿Cómo desmontar esta locura del usar y tirar?
No serán los políticos, deben ser los ciudadanos quienes impulsen el cambio; pero no es tan difícil: tenemos las redes sociales y hemos de ponernos de acuerdo. ¡Intentémoslo al menos.